Enviado por:Michael Artime28-Jun-2005
Demuestran que las células madre adultas pueden multiplicarse
Científicos del Hospital Infantil de Pittsburg han demostrado que las células madre adultas poseen la misma habilidad para reproducirse que las células madre embrionarias.
El descubrimiento implica que las células madre adultas podrían jugar un importante
Investigación sobre piel humana demuestra que las células madre adultas
pueden multiplicarse
por Maria Vitale Gallagher Plantilla redactores LifeNews.com 27 junio 2005
Pittsburgh, Pennsylvania (LifeNews.com) – Las últimas noticias sobre células madre adultas hacen plantearse la necesidad de iniciar investigaciones con células madre embrionarias. En lo que ha sido calificado como un estudio de vanguardia, los científicos del Hospital Infantil de Pittsburg han demostrado que las células madre adultas poseen la misma habilidad para reproducirse que las células madre embrionarias. El descubrimiento implica que las células madre adultas podrían jugar un importante papel terapéutico. Antes de esta investigación, generalmente se creía que las células madre embrionarias poseían una capacidad de multiplicación mayor que las células madre adultas. “Los científicos siempre han creído que las células madre adultas (o pos-natales) crecían, envejecían y morían mucho antes que las embrionarias, pero este estudio demuestra que esto no es así”, comentó el Dr. Johnny Huard del Hospital Infantil de Pittsburgh. “El mundo entero sigue de cerca los avances en investigación con células madre, y todos están interesados en el potencial de estas células para tratar cualquier cosa, desde la diabetes hasta la enfermedad de Parkinson. Pero existen muchas preocupaciones éticas rodeando el uso de células madre embrionarias, preocupaciones que no atañen a las células madre pos-natales o adultas. Creo que este estudio debería eliminar las dudas que los científicos pudieran tener acerca de la efectividad potencial de las células madre pos-natales”. Este hito en investigación verá la luz en la edición del primero de julio de la revista “Molecular Biology of the Cell” que publica la Sociedad Americana para la Biología Celular. Además, las células madre adultas tienen mucha menor probabilidad de rechazo, por parte del sistema inmunológico del paciente, que las embrionarias. Mientras tanto, los investigadores de la Escuela Universitaria de Medicina Wake Forest han informado sobre otro logro en la investigación con células madre adultas. El equipo científico ha logrado aislar células madre a partir de piel humana, expandirlas en el laboratorio, y permitir que se transformaran en células adiposas, musculares y óseas. El Dr. Anthony Atala, director del Instituto para Medicina Regenerativa Wake Forest comentó a la prensa: “estas células deberían también proveernos de un recurso valioso en la reparación de tejidos y órganos. Al ser capturadas a partir de la piel del propio paciente no debería haber ningún problema de rechazo de órganos o tejidos”. El Dr. Shay Soker, profesor asociado de cirugía en la Escuela de Medicina Wake Forest añadió: “nuestro estudio demuestra que las células madre pueden obtenerse a partir de una simple biopsia de piel, y que podemos hacer que se conviertan en tres tejidos vitales. El grueso de nuestro cuerpo se compone de grasa, músculo y hueso”. No solo se han identificado células madre en la piel, sino en la médula ósea, el cerebro y la sangre del cordón umbilical. “Hemos probado que las células pueden usarse para elaborar tejidos que concuerdan con los huesos, músculos y grasa de los animales a los que se los implantamos; ahora necesitamos comprobar su funcionalidad a largo plazo”, comentó a la prensa Soker. Los expertos médicos opinan que la investigación con células madre adultas ha logrado éxitos en más de 58 condiciones médicas diferentes, desde el cáncer de mama hasta la anemia de glóbulos rojos. En contraste, los primeros intentos que incluían células madre embrionarias, que implican la destrucción de embriones humanos, han tenido poco éxito.
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viernes, 11 de julio de 2008
miércoles, 21 de mayo de 2008
El lenguaje de la enfermedad: Arnoldo Kraus
Desde hace algunos años, como parte de mi ejercicio médico, tengo la costumbre de anotar, cuando son interesantes, las observaciones que hacen los enfermos acerca de sus males. Lo hago no sólo porque el lenguaje de la enfermedad es interminable y sorprendente, sino porque permite comprender a la persona y además proporciona una mirada no científica del peso de la patología. Pensar que el lenguaje es complemento de la tecnología (y viceversa) es correcto. Los pacientes dicen, aunque no sea tan obvio como Perogrullo podría pensar, lo que sienten. Dicen lo que escucha su cuerpo, lo que el idioma del dolor escribe.
Mucho se ha escrito acerca de los cambios que el dolor, la certeza de la muerte o la enfermedad producen en el afectado. Basta atender con atención ese discurso para comprender que sus sentimientos dotan al lenguaje médico de una dosis de filosofía y otra de poesía. Aguzar el oído permite recuperar el valor humano de las palabras y, en particular, de las palabras cargadas de dolor.
¿Qué quería decir Mijail Bajtin cuando afirmaba que “todo lo que se refiere a mi persona, empezando por mi nombre, llega a mí por boca de otros”? La idea del pensador ruso sugiere, entre otras cosas, que la arquitectura individual y los quehaceres de cada ser humano son atributos personales, cuyo valor se resalta por la presencia de otras personas, que, metafóricamente, le dan vida a la voz y sentido a la existencia. En ese escenario los enfermos son maestros.
Son maestros porque aprenden a escucharse. Saben que los significados de la vida se comprenden mejor a través de las pequeñas verdades que se revelan cuando la enfermedad ocupa parte de la vida. Entienden que el dolor es una forma de capturar el instante y que la oscuridad que rodea la vida cuando se es enfermo crece por dentro conforme la patología avanza. Saben leer esas lecciones y decir, cuando se padece esclerodermia, “mi piel es como un vestido cuando se encoge”; tienen razón cuando aseguran que “han notado que les rechinan los zapatos”; pueden también reinventar la realidad, como aquel viejo paciente, quien destrozado por la muerte de su hija como consecuencia de cáncer mamario, me comentó que el ultrasonido que se le realizó a su hija menor, y quien recién había embarazado, mostraba un bebé idéntico al primogénito de la hija recién fallecida. Saben lo que desean cuando al mirar su historia clínica, deshojada, inmensa, carcomida por la enfermedad, vieja, imposible de leer, dicen, “mi expediente todavía quiere vivir”.
Me repito: los enfermos son maestros. Saben que las noches crujen, que el tiempo no sólo tiene horario, sino piel, que el cáncer tiene olor, que la lejanía puede doler más que la muerte, que el dolor clausura espacios mientras abre otros, que la vida es donde nunca, que hay palabras sordas, palabras sin alma, palabras sin rostro y que es necesario escribir la historia de la enfermedad con la sangre propia para mantenerse vivos. Saben que ante la enfermedad y frente al doctor, en muchas ocasiones, no se requieren palabras escritas sino palabras sin letras.
Entienden mucho porque con frecuencia tienen que bregar con sus males para no caer desde los bordes más altos de su enfermedad y con ello impedir que el libro, el libro de su vida, se cierre o quede inconcluso; saben escucharse porque el silencio interno, el silencio que conllevan las pérdidas y el dolor que penetra el cuerpo, permite que lo inimaginable transforme las ideas que aguardan para que lo que parece imposible de imaginar se convierta en realidad.
Dicen lo que parece imposible escribir. Entienden que no es cierto que sólo exista un camino, un libro, o un tiempo para encontrarse con uno mismo o para dialogar con los otros yoes que fueron parte de uno cuando no había enfermedad. Saben que hay que escucharse para darle otros sentidos al pasado y otros significados al presente. Saben decir, a los 95 años, “a Dios se le olvidó revisar mi tarjeta. Ya me debo ir”.
El lenguaje de la enfermedad es interminable. Leerlo y adentrarse en él es un privilegio: permite mirar la patología desde diversos ángulos, comprender mejor las vivencias de los pacientes y entender los límites de la vida y de la medicina.
publicado en → Opinión → http://www.jornada.unam.mx/
Es un gusto saber de que la inteligencia medica de la escritura colabora para el entendimiento de los padecimientos amigablemente sin reborujos y en lenguaje llano, Gracias Maestro Arnoldo Kraus, por su entendimiento para el mundo con sus enfermedades.
http://www.nortenatural.redtienda.net/
Mucho se ha escrito acerca de los cambios que el dolor, la certeza de la muerte o la enfermedad producen en el afectado. Basta atender con atención ese discurso para comprender que sus sentimientos dotan al lenguaje médico de una dosis de filosofía y otra de poesía. Aguzar el oído permite recuperar el valor humano de las palabras y, en particular, de las palabras cargadas de dolor.
¿Qué quería decir Mijail Bajtin cuando afirmaba que “todo lo que se refiere a mi persona, empezando por mi nombre, llega a mí por boca de otros”? La idea del pensador ruso sugiere, entre otras cosas, que la arquitectura individual y los quehaceres de cada ser humano son atributos personales, cuyo valor se resalta por la presencia de otras personas, que, metafóricamente, le dan vida a la voz y sentido a la existencia. En ese escenario los enfermos son maestros.
Son maestros porque aprenden a escucharse. Saben que los significados de la vida se comprenden mejor a través de las pequeñas verdades que se revelan cuando la enfermedad ocupa parte de la vida. Entienden que el dolor es una forma de capturar el instante y que la oscuridad que rodea la vida cuando se es enfermo crece por dentro conforme la patología avanza. Saben leer esas lecciones y decir, cuando se padece esclerodermia, “mi piel es como un vestido cuando se encoge”; tienen razón cuando aseguran que “han notado que les rechinan los zapatos”; pueden también reinventar la realidad, como aquel viejo paciente, quien destrozado por la muerte de su hija como consecuencia de cáncer mamario, me comentó que el ultrasonido que se le realizó a su hija menor, y quien recién había embarazado, mostraba un bebé idéntico al primogénito de la hija recién fallecida. Saben lo que desean cuando al mirar su historia clínica, deshojada, inmensa, carcomida por la enfermedad, vieja, imposible de leer, dicen, “mi expediente todavía quiere vivir”.
Me repito: los enfermos son maestros. Saben que las noches crujen, que el tiempo no sólo tiene horario, sino piel, que el cáncer tiene olor, que la lejanía puede doler más que la muerte, que el dolor clausura espacios mientras abre otros, que la vida es donde nunca, que hay palabras sordas, palabras sin alma, palabras sin rostro y que es necesario escribir la historia de la enfermedad con la sangre propia para mantenerse vivos. Saben que ante la enfermedad y frente al doctor, en muchas ocasiones, no se requieren palabras escritas sino palabras sin letras.
Entienden mucho porque con frecuencia tienen que bregar con sus males para no caer desde los bordes más altos de su enfermedad y con ello impedir que el libro, el libro de su vida, se cierre o quede inconcluso; saben escucharse porque el silencio interno, el silencio que conllevan las pérdidas y el dolor que penetra el cuerpo, permite que lo inimaginable transforme las ideas que aguardan para que lo que parece imposible de imaginar se convierta en realidad.
Dicen lo que parece imposible escribir. Entienden que no es cierto que sólo exista un camino, un libro, o un tiempo para encontrarse con uno mismo o para dialogar con los otros yoes que fueron parte de uno cuando no había enfermedad. Saben que hay que escucharse para darle otros sentidos al pasado y otros significados al presente. Saben decir, a los 95 años, “a Dios se le olvidó revisar mi tarjeta. Ya me debo ir”.
El lenguaje de la enfermedad es interminable. Leerlo y adentrarse en él es un privilegio: permite mirar la patología desde diversos ángulos, comprender mejor las vivencias de los pacientes y entender los límites de la vida y de la medicina.
publicado en → Opinión → http://www.jornada.unam.mx/
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domingo, 27 de abril de 2008
Muerte por fármacos
En los USA, drogas como la cocaína y heroína son responsables de la muerte de 10.000-20.000 personas cada año. Es un gran problema pero los fármacos de prescripción usados en los Estados Unidos son un problema aún más grande. En un artículo del Journal of the American Medical Association (JAMA) se menciona de que, con respecto a los aproximadamente 10.000-20.000 víctimas de la consumición de drogas ilegales, cada año en E.E.U.U. mueren acerca de 106.000 pacientes hospitalizados a causa de fármacos prescritos y correctamente suministrados.
El artículo de Newsweek subraya que los fármacos de prescripción médica son la cuarta causa de muerte en los EE.UU., sólo precedidos por enfermedades cardíacas, del ictus y del cáncer. En este País las reacciones adversas a fármacos prescritas por médicos causan el doble del número de muertes comparando a las muertes por VIH/SIDA o por suicidio. La cuenta no incluye las muertes de pacientes exteriores ni de aquellos debidos a negligencia médica, o a la asunción de fármacos sin respetar las posologías prescritas.
Un otro artículo hace notar que las estadísticas médicas gubernativas y las estadísticas de las revistas médicas demuestran que a menudo la medicina americana causa más daños que beneficios. Son 2,2 millones las personas que han tenido reacciones negativas después de haber asumido medicamentos prescritos.
Ya en el 1995 el Dr. Richard Besser, del CDC (Center for Disease Control and Prevention) denunció que cada año fueron hechas, por causa de infecciones virales, 20 millones de prescripciones de antibióticos no necesarios. En el 2003, el Dr. Besser ha puesto al día los sus datos por decenas de millones de antibióticos no necesarios.Hoy el número de procedimientos médicos y quirúrgicos no necesarios llega a 7,5 millones anuales. Las personas anualmente expuestas a hospitalización no necesaria son 8,9 millones.Los autores concluyen: "Cuando en una sociedad el matón número UNO es el sistema sanitario, entonces el sistema no tiene excusas: tiene que sólo demostrar que se empeña a mejorar las mismas faltas. Es un sistema que necesita atención inmediata".
recursos naturales al alcance de todas las personas en EUA, MX y Canada, por medio del estimulador de celulas madres adultas StemEnhance, visite:
www.nortenatural.stemtechhealth.com
El artículo de Newsweek subraya que los fármacos de prescripción médica son la cuarta causa de muerte en los EE.UU., sólo precedidos por enfermedades cardíacas, del ictus y del cáncer. En este País las reacciones adversas a fármacos prescritas por médicos causan el doble del número de muertes comparando a las muertes por VIH/SIDA o por suicidio. La cuenta no incluye las muertes de pacientes exteriores ni de aquellos debidos a negligencia médica, o a la asunción de fármacos sin respetar las posologías prescritas.
Un otro artículo hace notar que las estadísticas médicas gubernativas y las estadísticas de las revistas médicas demuestran que a menudo la medicina americana causa más daños que beneficios. Son 2,2 millones las personas que han tenido reacciones negativas después de haber asumido medicamentos prescritos.
Ya en el 1995 el Dr. Richard Besser, del CDC (Center for Disease Control and Prevention) denunció que cada año fueron hechas, por causa de infecciones virales, 20 millones de prescripciones de antibióticos no necesarios. En el 2003, el Dr. Besser ha puesto al día los sus datos por decenas de millones de antibióticos no necesarios.Hoy el número de procedimientos médicos y quirúrgicos no necesarios llega a 7,5 millones anuales. Las personas anualmente expuestas a hospitalización no necesaria son 8,9 millones.Los autores concluyen: "Cuando en una sociedad el matón número UNO es el sistema sanitario, entonces el sistema no tiene excusas: tiene que sólo demostrar que se empeña a mejorar las mismas faltas. Es un sistema que necesita atención inmediata".
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