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jueves, 12 de agosto de 2010

Células madre serían clave para tratar dolencia fatal de la piel: investigadores

Trasplantes de médula de alto riesgo lograron curar parcialmente a cinco niños con epidermólisis ampollosa distrófica, aseguraron investigadores de la University of Minnesota.


Boston. Trasplantes de médula de alto riesgo lograron curar parcialmente a cinco niños con un defecto genético potencialmente letal por el cual carecen de las proteínas que mantienen unidas las capas de la piel, informaron investigadores de Estados Unidos.

No obstante, otro chico falleció debido a los efectos colaterales de un medicamento empleado par prepararlo para el trasplante y otro murió por una infección luego de ser trasplantado.

Las personas con epidermólisis ampollosa distrófica recesiva (EADR) presentan enorme cantidad de dolorosas ampollas en la piel, la boca y la garganta, lo que puede exponer al cuerpo a infecciones y, en algunos casos, a una forma agresiva de cáncer.

Con el nuevo tratamiento, "hubo una mejor curación, menos ampollas y la calidad de vida se vio afectada positivamente. (Los niños) pudieron hacer cosas que no podían hacer antes, como andar en bicicleta o subir a una cama elástica", dijo el doctor John Wagner, de la University of Minnesota.El estudio fue publicado en New England Journal of Medicine.

Además, la mejoría de los pacientes avanzó con el tiempo, añadió el investigador. Los cinco niños que sobrevivieron mostraron progresos en 100 días, aunque el ritmo varió ampliamente entre ellos, indicó Wagner.

Debido a los elevados riesgos que implican los trasplantes medulares, sólo los pacientes más enfermos con la extraña condición fueron considerados candidatos para la intervención, dijo Wagner.

"Estos niños padecen un dolor horrible, infecciones crónicas de la piel, múltiples hospitalizaciones e infecciones sistémicas", dijo Wagner. "Frecuentemente no pueden comer o se resisten a hacerlo por el dolor. Suelen morir por desnutrición crónica y pérdida crónica de sangre", añadió.

El doctor Jakub Tolar, también de la University of Minnesota e investigador del estudio, señaló que el tratamiento era único porque mostraba que los efectos del trasplante de médula pueden ir más allá de la sangre.

"Lo que hallamos es que las células madre contenidas en la médula espinal pueden viajar a los sitios lesionados de la piel, lo que genera un aumento en la producción de colágeno, que es deficitario en los pacientes con EADR", manifestó Tolar en un comunicado.

La doctora Lenna Bruckner-Tuderman, del Centro Médico Universitario de Friburgo, en Alemania, dijo en un comentario que la terapia representó un avance, aunque manifestó cautela.

Debido a las características de la enfermedad, "es difícil determinar cuánto de la mejora clínica en los niños se debió al trasplante y cuánto al largo período de atención médica cuidadosa", indicó la experta.

informacion de La JORNADA.

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domingo, 1 de marzo de 2009

Enfermedad leyendo a Heráclito: Arnoldo Kraus

La sentencia del viejo Heráclito “En el mismo río entramos y no entramos, pues somos y no somos (los mismos)” nunca será vieja. Menos aun cuando se piensa en los diversos y cambiantes significados de la salud y de la enfermedad. La idea de Heráclito se aplica muy bien al cuerpo que vive y se transforma por el paso del tiempo; se aplica, asimismo, a la vida de la persona que cambia porque kronos impregna sus huellas sin piedad y sin miramiento. Así como el río es habitado por aguas que cambian sin cesar, el cuerpo que envejece también se modifica.

Con frecuencia el río muda por completo: sus aguas siempre difieren. Lo mismo sucede con el bañista: el tiempo lo transmuta. Por eso hay quienes releen la frase del filósofo griego de otra forma: “No podemos entrar dos veces en el mismo río, pues nuevas aguas fluyen tras las aguas”. Con el cuerpo ocurre una situación similar: los años lo cambian. Sin embargo, hay una diferencia entre río y cuerpo. Mientras que el cauce del río muta poco, esqueleto y alma nunca siguen siendo los mismos.

La metáfora de Heráclito permite comprender muchos de los recovecos de la enfermedad y de la labor del doctor. Su idea me remite a otra verdad médica que suelo repetir: la medicina no es una ciencia exacta. A lo que agrego otra vieja reflexión: no lo es porque los pacientes difieren entre sí y porque la misma persona cambia a través del tiempo. Observar lo que le sucede al enfermo requiere sumar todo lo que sea pertinente para “el momento” del paciente: su situación económica, la historia familiar, los amores y los desamores, la relación con los hijos y un larguísimo etcétera que debe individualizarse. A partir de esa lectura es posible leer la vida de la persona y diagnosticar el mal del enfermo.

Regreso al río. Aquel que pretenda sumergirse en sus aguas primero debe estudiar la fuerza del flujo, la distribución de las rocas, la temperatura y otras variables. Después de ese análisis decide si es adecuado o no penetrar en él. Lo mismo sucede con la enfermedad. El paciente debe entender, de preferencia guiado por su médico, que la patología modifica su ser y que restaurar la salud depende de todos los factores que tienen que ver con su vida.

La idea de Heráclito debe entenderse como una doctrina del cambio. No sólo el río se transforma, sino todo lo que sucede alrededor muta: las tierras, las casas, los árboles. La actividad de la naturaleza y la del ser humano imprimen modificaciones en el entorno del río. La naturaleza genera y padece sus propias catástrofes y es víctima de las calamidades producidas por el ser humano. Ambas repercuten, en general, en forma negativa, en la vida del río. Los ríos de hoy llevan otras aguas. Algunos se han secado, en otros los peces han muerto y en la mayoría la contaminación es la regla. De hecho, esas variaciones, aunque no alteren demasiado el cauce del río, sí influyen en él.

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Las enfermedades, siguiendo la doctrina de El Oscuro de Éfeso, también generan mutaciones. Para muchos, las pérdidas inherentes a la patología ponen en marcha el recuerdo de un recuerdo. La vida con enfermedad deviene otra forma de estar, otra forma de ser. Al igual que el río, no sólo el cuerpo y la persona se modifican: las relaciones con el mundo y con las personas adquieren otros matices. Es necesario reinventar lenguajes, tiempos y espacios. Es también necesario comprender y leer desde otra perspectiva la nueva arquitectura del cuerpo.

El lenguaje que utilizan algunos pacientes suele expresar bien esos cambios. “No entiendo bien lo que sucede –me comentaba un paciente y amigo–. Desde que estoy enfermo me persigue mi propia sombra.” La sombra de la enfermedad abre ventanas en la conciencia que obligan al afectado a repasar esos recuerdos y a instalarse de otra forma en la vida. La conciencia adquiere una voz distinta que debe ayudarle a la persona a adecuarse a su nueva realidad. “La enfermedad ha clausurado muchos espacios”, es un sentir que anoté en la historia clínica de un paciente.

Así como los ríos modifican el paisaje, y éste transforma el lecho de los ríos, la enfermedad toca a las personas, y éstas tocan, para siempre, cuando el dolor fue mucho, a sus seres queridos. Es cierto: “En el mismo río entramos y no entramos, pues somos y no somos (los mismos)”.


Publicado originalmente en: La Jornada, MX.

viernes, 14 de noviembre de 2008

Desaparece VIH en paciente luego de trasplantarle la médula ósea

Nunca será un tratamiento estándar para la enfermedad, advirtieron los científicos alemanes a cargo del hallazgo.

Tras múltiples pruebas, no podemos asegurar que no esté allí, señalaron
Reuters

Berlín, 13 de noviembre. Un grupo de científicos alemanes reveló que un trasplante de médula ósea en el que se utilizaron células madre de un donante con resistencia genética natural al virus del sida logró que un paciente con VIH se liberara de la infección durante casi dos años.
El paciente, un ciudadano estadunidense que vive en Berlín, estaba infectado con el virus de inmunodeficiencia humana que causa el sida, y también padecía leucemia.

El mejor tratamiento para la leucemia era un trasplante de médula ósea, que requiere células madre del sistema inmune de un donante saludable para que se remplacen las células del paciente afectado con cáncer.

Los doctores Gero Hutter y Thomas Schneider, de las Clínicas de Gastroenterología, Infecciones y Reumatología del Hospital de Caridad, de Berlín, dijeron que el equipo buscó un donante de médula que tuviese una mutación genética que se sabe que ayuda al organismo a resistir a la infección con VIH.

La mutación afecta a un receptor, un sendero celular llamado CCR5 que el virus del sida emplea para ingresar en las células que infecta.

Cuando los expertos hallaron un donante con la mutación, utilizaron esa médula espinal para tratar al paciente; el resultado fue que no sólo desapareció la leucemia, sino también el VIH.
“Hasta hoy, más de 20 meses después del trasplante exitoso, no se puede detectar VIH en el paciente”, indicó la clínica en un comunicado.

“Realizamos todas las pruebas, no sólo sanguíneas, sino de otros reservorios –dijo Schneider en conferencia de prensa–, pero no podemos excluir la posibilidad de que aún esté allí”, agregó.

Virus engañoso

Los investigadores destacaron que éste nunca podría ser un tratamiento estándar para el VIH. Los trasplantes de células madre de la médula espinal son rigurosos y peligrosos, y requieren que el paciente tenga destruida la médula.

Esos pacientes corren riesgo de muerte aún por las infecciones más leves, debido a que no poseen sistema inmune hasta que las células madre crecen y remplazan a las propias.
El VIH no tiene cura y siempre es letal. Los cocteles de medicamentos pueden mantener el virus a raya, a veces en niveles que no se detectan con pruebas.
Pero las investigaciones indican que el virus nunca desaparece, permanece en reservorios del cuerpo.

El equipo Hutter informó que no ha podido encontrar rastro del virus en su paciente de 42 años, quien se mantiene en el anonimato, pero añadió que eso no implica que no esté allí.
“El virus es engañoso. Siempre puede volver”, dijo Hutter.

La mutación CCR5 se halla en cerca de 3 por ciento de los europeos, según los expertos.
El equipo señaló que el estudio sugiere que la terapia génica, tecnología altamente experimental, podría usarse algún día para tratar a los pacientes con VIH.

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