miércoles, 16 de julio de 2008

Norogachi y su unica alternativa para una salud mas saludable


Arnoldo Kraus
La Clínica San Carlos en Norogachi
Desfuerzado es la palabra que más repetían los enfermos, tanto mestizos como rarámuris, que acudían a atenderse a la Clínica San Carlos en el muy pequeño poblado de Norogachi –ciudad de los cerros redondos. Ya sea en castellano, o en raráramuri, de acuerdo con la traductora que fungía de vínculo y enfermera, desfuerzado fue, sobre todo en los tarahumaras, el malestar más frecuente. Cansancio, enfermedad, agobio, imposibilidad para entender lo que sucede en el cuerpo, padecimientos crónicos, escasez y miseria son, entre otros, algunos de los significados de la vivencia desfuerzado(a).
La Clínica San Carlos, a pesar del admirable esfuerzo de las monjas-doctoras, Leonor y Angélica, y del magnífico equipo de enfermería constituido por monjas también mostraba signos de desfuerzamiento. Falta o ausencia de recursos médicos, de elementos mínimos de laboratorio, de aparato de rayos X y de medicamentos esenciales imposibilitan el buen ejercicio de la medicina y limitan los resultados de los esfuerzos diagnósticos y terapéuticos. Ante esa miríada de elementos negativos, aunado a la lacerante e intolerable injusticia social que golpea sin piedad a la población rarámuri, resalta la gallardía y la bonhomía de todas las personas que de una u otra forma dan vida a la clínica, donde confluyen la labor de las monjas-doctoras con el invaluable y admirable apoyo del grupo extramuros que la sostiene.
Norogachi es un enclave mestizo en la sorprendente sierra Tarahumara. Clínica San Carlos es un pequeño sanatorio que dignifica el valor de la medicina y ofrece atención médica a quien lo solicite. Para la población tarahumara vecina a Norogachi, Clínica San Carlos, amén de ser la única opción para atender sus enfermedades, es un refugio invaluable. Ahí se escucha, se palpan cuerpo y alma, se alimenta, se hospitaliza cuando la enfermedad lo amerita y se tiene la posibilidad de dejar el hogar por algunos días; en otras ocasiones, se alberga a la persona enferma o hambrienta cuando son demasiadas las horas que tienen que caminar de regreso a su hogar.
Si hubiese que resumir en una palabra lo que sucede dentro de las paredes de la clínica, ésta sería atención. Ahí se atiende: se mira por las personas, por su cuerpo, por su entorno; se tiene en cuenta quién es él que acude y qué es lo que sucede en su hábitat; se acogen quejas y se penetran los periplos escondidos detrás del malestar; se respeta y se obsequia calidez; se escucha; se lee la vida de los otros. Se asiste y se traspasa lo cotidiano para comprender lo que sucede en el entorno social y humano de la población rarámuri.
Traspasar las puertas de la clínica es obligatorio: la injusticia y la miseria aguardan afuera, en las comunidades. En ellas, a pesar de inenarrables adversidades, el patronato de Clínica San Carlos abre dispensarios, se preocupa por la alimentación y perfora pozos para que algunas comunidades rarámuris tengan, por primera vez, agua potable, si no en el hogar, al menos en el centro de la congregación. Agua para que dejen de beber del mismo sitio animales y humanos. Agua para que las personas sean personas.
Agua para nunca dejar de recordar, que no ha habido presidente en la historia de México que no se haya vanagloriado, dentro de sus costales de discursos ahítos por haber llevado el vital líquido hasta los lugares más recónditos de la República. Agua que brotó del pozo por primera vez hace apenas 10 días en Rajochiqui. Quienes edifican la clínica traspasan la vida: las lágrimas del equipo San Carlos cuando “se inauguró” el pozo de agua –con el alma, sin listones, sin prensa, sin Fox, sin Calderón– fueron un sentido homenaje a la vida. Homenaje similar fue mirar y apoderarse de los indescriptibles guiños que oscilaban entre la sorpresa y la incredulidad, de los cinco niños rarámuris, mientras presenciaban los malabarismos que con pelotas ejecutaba Gabriel Kraus, mi compañero de viaje.
En la sierra Tarahumara, ineludiblemente, las incongruencias traspasan la conciencia. El entorno de Rajochiqui, al menos en esta época del año, es imponente: el cielo azul, el verdor de la pradera, el gris de las piedras, el blanco de las nubes y los colores que emanan del sol contrastan con la indigerible miseria de los hogares tarahumaras. Las casas son de madera, aproximadamente de 20 metros: el mobiliario lo constituyen una estufa, que funciona con leña, una banca, una grabadora de pilas y el piso de tierra donde viven y pernoctan ocho o más personas de una o dos familias. Los colores de la casa son los grises de las ausencias; son los grises que hermanan a gobernadores, políticos, presidentes y el resto de los ausentes. Sólo en países tan injustos como México, donde la ralea política sigue ufanándose de sus logros, es posible asombrarse y enardecerse al unísono: demasiada belleza natural, lacerante miseria humana.
La ética como antídoto para paliar esa terrible enfermedad del abandono es la que ejerce la familia que da vida a Clínica San Carlos, unos dentro de sus paredes; otros, fuera de ellas. La desfuerza como enfermedad de algunas de las historias que junto con Gabriel escuché rebasan los límites de este espacio. Buen pretexto para regresar la próxima semana a Norogachi por medio de estas páginas. Buen pretexto para repasar la desfuerza moral de la clase política mexicana.
Para Gabriel Kraus. Con quien tuve la suerte de compartir pacientes, un mucho de vida y estetoscopio.


nota: aqui una oportunidad para las organizaciones y personas para hacer llegar a estas comunidades el tratamiento de la estimulacion de las celulas madre adultas que da stemenhance, disponible para todo MEXICO, pero sin al alcance de todas las personas por la precaria economia, pero una buena manera de colaborar con el abatimiento de enfermedades, y como decia Antonin ARTAUD:
en el pais de los Tarahumaras, colaborar seria de invaluable aprecio.

viernes, 11 de julio de 2008

Mas testimonios de la importancia de las celulas madre adultas

Enviado por:Michael Artime28-Jun-2005
Demuestran que las células madre adultas pueden multiplicarse

Científicos del Hospital Infantil de Pittsburg han demostrado que las células madre adultas poseen la misma habilidad para reproducirse que las células madre embrionarias.
El descubrimiento implica que las células madre adultas podrían jugar un importante
Investigación sobre piel humana demuestra que las células madre adultas

pueden multiplicarse

por Maria Vitale Gallagher Plantilla redactores LifeNews.com 27 junio 2005

Pittsburgh, Pennsylvania (LifeNews.com) – Las últimas noticias sobre células madre adultas hacen plantearse la necesidad de iniciar investigaciones con células madre embrionarias. En lo que ha sido calificado como un estudio de vanguardia, los científicos del Hospital Infantil de Pittsburg han demostrado que las células madre adultas poseen la misma habilidad para reproducirse que las células madre embrionarias. El descubrimiento implica que las células madre adultas podrían jugar un importante papel terapéutico. Antes de esta investigación, generalmente se creía que las células madre embrionarias poseían una capacidad de multiplicación mayor que las células madre adultas. “Los científicos siempre han creído que las células madre adultas (o pos-natales) crecían, envejecían y morían mucho antes que las embrionarias, pero este estudio demuestra que esto no es así”, comentó el Dr. Johnny Huard del Hospital Infantil de Pittsburgh. “El mundo entero sigue de cerca los avances en investigación con células madre, y todos están interesados en el potencial de estas células para tratar cualquier cosa, desde la diabetes hasta la enfermedad de Parkinson. Pero existen muchas preocupaciones éticas rodeando el uso de células madre embrionarias, preocupaciones que no atañen a las células madre pos-natales o adultas. Creo que este estudio debería eliminar las dudas que los científicos pudieran tener acerca de la efectividad potencial de las células madre pos-natales”. Este hito en investigación verá la luz en la edición del primero de julio de la revista “Molecular Biology of the Cell” que publica la Sociedad Americana para la Biología Celular. Además, las células madre adultas tienen mucha menor probabilidad de rechazo, por parte del sistema inmunológico del paciente, que las embrionarias. Mientras tanto, los investigadores de la Escuela Universitaria de Medicina Wake Forest han informado sobre otro logro en la investigación con células madre adultas. El equipo científico ha logrado aislar células madre a partir de piel humana, expandirlas en el laboratorio, y permitir que se transformaran en células adiposas, musculares y óseas. El Dr. Anthony Atala, director del Instituto para Medicina Regenerativa Wake Forest comentó a la prensa: “estas células deberían también proveernos de un recurso valioso en la reparación de tejidos y órganos. Al ser capturadas a partir de la piel del propio paciente no debería haber ningún problema de rechazo de órganos o tejidos”. El Dr. Shay Soker, profesor asociado de cirugía en la Escuela de Medicina Wake Forest añadió: “nuestro estudio demuestra que las células madre pueden obtenerse a partir de una simple biopsia de piel, y que podemos hacer que se conviertan en tres tejidos vitales. El grueso de nuestro cuerpo se compone de grasa, músculo y hueso”. No solo se han identificado células madre en la piel, sino en la médula ósea, el cerebro y la sangre del cordón umbilical. “Hemos probado que las células pueden usarse para elaborar tejidos que concuerdan con los huesos, músculos y grasa de los animales a los que se los implantamos; ahora necesitamos comprobar su funcionalidad a largo plazo”, comentó a la prensa Soker. Los expertos médicos opinan que la investigación con células madre adultas ha logrado éxitos en más de 58 condiciones médicas diferentes, desde el cáncer de mama hasta la anemia de glóbulos rojos. En contraste, los primeros intentos que incluían células madre embrionarias, que implican la destrucción de embriones humanos, han tenido poco éxito.

ya esta disponible el estimulador de celulas madres adultas: www.nortenatural.stemtechhealth.com

miércoles, 21 de mayo de 2008

El lenguaje de la enfermedad: Arnoldo Kraus

Desde hace algunos años, como parte de mi ejercicio médico, tengo la costumbre de anotar, cuando son interesantes, las observaciones que hacen los enfermos acerca de sus males. Lo hago no sólo porque el lenguaje de la enfermedad es interminable y sorprendente, sino porque permite comprender a la persona y además proporciona una mirada no científica del peso de la patología. Pensar que el lenguaje es complemento de la tecnología (y viceversa) es correcto. Los pacientes dicen, aunque no sea tan obvio como Perogrullo podría pensar, lo que sienten. Dicen lo que escucha su cuerpo, lo que el idioma del dolor escribe.
Mucho se ha escrito acerca de los cambios que el dolor, la certeza de la muerte o la enfermedad producen en el afectado. Basta atender con atención ese discurso para comprender que sus sentimientos dotan al lenguaje médico de una dosis de filosofía y otra de poesía. Aguzar el oído permite recuperar el valor humano de las palabras y, en particular, de las palabras cargadas de dolor.
¿Qué quería decir Mijail Bajtin cuando afirmaba que “todo lo que se refiere a mi persona, empezando por mi nombre, llega a mí por boca de otros”? La idea del pensador ruso sugiere, entre otras cosas, que la arquitectura individual y los quehaceres de cada ser humano son atributos personales, cuyo valor se resalta por la presencia de otras personas, que, metafóricamente, le dan vida a la voz y sentido a la existencia. En ese escenario los enfermos son maestros.
Son maestros porque aprenden a escucharse. Saben que los significados de la vida se comprenden mejor a través de las pequeñas verdades que se revelan cuando la enfermedad ocupa parte de la vida. Entienden que el dolor es una forma de capturar el instante y que la oscuridad que rodea la vida cuando se es enfermo crece por dentro conforme la patología avanza. Saben leer esas lecciones y decir, cuando se padece esclerodermia, “mi piel es como un vestido cuando se encoge”; tienen razón cuando aseguran que “han notado que les rechinan los zapatos”; pueden también reinventar la realidad, como aquel viejo paciente, quien destrozado por la muerte de su hija como consecuencia de cáncer mamario, me comentó que el ultrasonido que se le realizó a su hija menor, y quien recién había embarazado, mostraba un bebé idéntico al primogénito de la hija recién fallecida. Saben lo que desean cuando al mirar su historia clínica, deshojada, inmensa, carcomida por la enfermedad, vieja, imposible de leer, dicen, “mi expediente todavía quiere vivir”.
Me repito: los enfermos son maestros. Saben que las noches crujen, que el tiempo no sólo tiene horario, sino piel, que el cáncer tiene olor, que la lejanía puede doler más que la muerte, que el dolor clausura espacios mientras abre otros, que la vida es donde nunca, que hay palabras sordas, palabras sin alma, palabras sin rostro y que es necesario escribir la historia de la enfermedad con la sangre propia para mantenerse vivos. Saben que ante la enfermedad y frente al doctor, en muchas ocasiones, no se requieren palabras escritas sino palabras sin letras.
Entienden mucho porque con frecuencia tienen que bregar con sus males para no caer desde los bordes más altos de su enfermedad y con ello impedir que el libro, el libro de su vida, se cierre o quede inconcluso; saben escucharse porque el silencio interno, el silencio que conllevan las pérdidas y el dolor que penetra el cuerpo, permite que lo inimaginable transforme las ideas que aguardan para que lo que parece imposible de imaginar se convierta en realidad.
Dicen lo que parece imposible escribir. Entienden que no es cierto que sólo exista un camino, un libro, o un tiempo para encontrarse con uno mismo o para dialogar con los otros yoes que fueron parte de uno cuando no había enfermedad. Saben que hay que escucharse para darle otros sentidos al pasado y otros significados al presente. Saben decir, a los 95 años, “a Dios se le olvidó revisar mi tarjeta. Ya me debo ir”.
El lenguaje de la enfermedad es interminable. Leerlo y adentrarse en él es un privilegio: permite mirar la patología desde diversos ángulos, comprender mejor las vivencias de los pacientes y entender los límites de la vida y de la medicina.


publicado en → Opiniónhttp://www.jornada.unam.mx/


Es un gusto saber de que la inteligencia medica de la escritura colabora para el entendimiento de los padecimientos amigablemente sin reborujos y en lenguaje llano, Gracias Maestro Arnoldo Kraus, por su entendimiento para el mundo con sus enfermedades.

http://www.nortenatural.redtienda.net/